Entrá a la página de fundación Leer y participá de esta hermosa experiencia que es leer cuentos y sobretodo de leer cuentos para los más chicos que juegan con esa fantasía pura y natural. Dale, animate!!!!!
Esta es una revista donde cada chico y/o grande con alma de chico podrá hacer uso para divertimento y aprendizaje. BARRILETE quiere que lo eleves con tu imaginación para así fomentar la sana diversión en familia. Dale, aprovechá, divertite y pasa un lindo ratito con tus amigos y papis. Solo hace falta un poco de piola, otro de ganas y mucho para soñar.
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lunes, marzo 30, 2015
13a. MARATON DE LECTURA.... ¿TE LA VAS A PERDER?
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miércoles, marzo 25, 2015
EL NIÑO QUE PUDO HACERLO...
Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua. La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.
Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas.
Golpeó, golpeó y golpeó hasta que con-siguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.
Golpeó, golpeó y golpeó hasta que con-siguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.
A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.
Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.
Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.

viernes, marzo 15, 2013
"EL VIAJE" por GONZALO FERRUCCI
Descansaba
con la cabeza apoyada en la ventanilla del colectivo que lo llevaba de vuelta a
casa. Dormía plácidamente, soñando con un viaje maravilloso que planeaba hacer
dentro de unos meses. Aunque probablemente ese viaje nunca se concretaría,
solía cancelar todos sus proyectos.
Llevaba puesta una camisa a cuadros rojos, y el pelo peinado de una manera
bastante extravagante, de la manera que le gustaba a su novia. Justamente,
acababa de acompañarla hasta su casa, luego de pasar el día de San Valentín
juntos.
Una sacudida lo despertó. El colectivo había frenado en la última parado antes
del camino por el campo. Miró alrededor, un anciano estaba sentado del otro
lado del pasillo, observándolo fijamente, aunque rápidamente giró la cabeza al
sentir el cruce de miradas.
El muchacho dejó de observar al hombre tras unos instantes para mirar por la
ventanilla, sin dejar de echar un rápido vistazo a la mujer que subía al
colectivo en ese momento, acompañada de una niña pequeña.
A través del vidrio empañado no se lograba ver gran cosa. Hacia atrás, las
luces de una gran fábrica que seguiría trabajando toda la noche, hacia delante
campo. Todo, hasta donde alcanzaba a ver, era un pasaje desolado, aunque la
espesa niebla que cubría en ese momento el lugar dificultaba un poco la visión.
-Vení, vení ¿Dónde estás?- escuchó decir a la madre de la niña mientras se
acercaba caminando por el pasillo.
Volteó a mirar y se llevó un pequeño sobresalto al encontrar a la pequeña
sentada a su lado, observándolo con sus grandes ojos, y una pícara sonrisa
asomando por la comisura de la boca.
-Te dije que te quedaras en la parte de adelante del colectivo- la mujer tomo a
la joven por la mano y la llevó hacia atrás, sin siquiera detenerse un segundo
en él, mientras el joven la veía pasar. Pudo oír como la golpeaba en la cabeza,
sintió como si él mismo hubiera recibido ese golpe, aún lo recordaba, a su
padre, golpeándolo cuando era pequeño. Esa no era forma de tratar a un chico.
Se levantó de su asiento para ir a decirle algo a la mujer, pero el colectivo
dio un giro brusco que volvió a depositarlo sobre su asiento.
-Saco una manito, la cierro, la abro, la vuelvo a guardar- la nena había
empezado a cantar una canción infantil.
El colectivo dio otro giro brusco y el joven se golpeó la parte de atrás de la
cabeza contra la ventanilla. Maldiciendo, caminó hacia el chofer del colectivo.
-Lo siento- murmuró el colectivero, mientras lo veía llegar- El camino está un
poco complicado hoy.
-¿Podríamos ir más despacio?
-Hay horarios- el hombre le señalo un pequeño reloj situado justo adelante suyo
que marcaba que llevaban unos pocos minutos de atraso.
-Saco
otra manito, la cierro, abro, la vuelvo a guardar.
Observó el rostro del hombre por el espejo. Tenía un aspecto que le resultaba
vagamente familiar, unos rasgos nativos que le recordaban vagamente a alguien,
aunque no podía recordar a quién.
-Cuenta la leyenda- se sobresaltó al notar que el hombre lo observaba por el
espejo fijamente a los ojos- Que cuando una niña canta una canción infantil en
una noche de niebla se desata una tragedia- Lo observó fijamente unos segundos
antes de lanzar un pequeño gritito- ¡Buaf!- rió siniestramente.
Volvió a sobresaltarse mientras el hombre reía a carcajadas en su asiento y
volvía a prestar atención al camino. Regresó a su propio asiento mientras la
chica seguía cantando.
-Saco las dos manitos, las cierro, las abro, las vuelvo a guardar.
Decidió que lo mejor sería dormir el resto del viaje.
domingo, febrero 05, 2012
"EL MEJOR REGALO" un cuento de Verónica Rucci
Emanuel era un niño de 4 años de edad, iba al jardín y su mamá estaba esperando un bebé. Eso era todo un evento, si no fuera porque el bebé era una nena y se llamaría Camila.
A Emanuel no le gustaba mucho la idea de tener una hermanita… ¿con quién iba a jugar a las carreras de autos? ¿Y a la pelota? En fin, a la mamá se le había ocurrido la brillante idea de tener una nena y eso lo tenía angustiado.
Cuando llegó el día, mamá se internó en el sanatorio y cuando volvió, junto a papá, traía a Camila en sus brazos, y era hermosa, suave y pequeñita.
Emanuel preguntó:
_ ¿Y mi regalo, mamá?
Mamá respondió:
_ Tenés que buscarlo bien, ¡Dios lo ha ocultado para que sólo vos lo encuentres!
Y como Emanuel se sentía grande ahora, porque era el hermano mayor, empezó su búsqueda solito.
Cada día removía cajones, abría armarios y placares, miraba debajo de la mesa y de la cama, con cuidado, se subía a una silla, y en puntas de pie, espiaba sobre la heladera. Hasta buscó dentro del pañal de su hermanita, ¡pero no encontraba nada!
Pasaron unos meses, Camila crecía, ensuciaba más pañales y se alimentaba del pecho de mamá y Emanuel se sentía algo desilusionado, pero no quería decirle nada a su mamá. Tanto ella como su papá le habían regalado un camión enorme con el cual jugaba siempre y le encantaba, ¿cómo iba a pedirle el regalo de Dios?
Pero cansado de buscar, decidió preguntar:
_ ¿Y mi regalo de Dios, mamá?... ¡no lo pude encontrar!... ¿Dios se olvidó de mi?
La mamá acarició los cabellos con ternura, miró sus ojitos brillantes y le dijo:
_ ¡Dios no se olvidó de tu regalo! ¿Ya buscaste cerca de Camila?
Emanuel se acercó a su hermanita que estaba en el coche, ¡no se le había ocurrido buscar cerca de ella! La miró fijo y Camila le regaló una enorme sonrisa sin dientes, llevó su manito hasta la mano de Emanuel, tomó su dedo con fuerza y balbuceó “Em…ma”.
Emanuel se sorprendió y gritó:
_ ¡Mamá, Camila dijo mi nombre!
_ Seguramente- dijo la mamá- Camila es un regalo para vos, ella es tu compañera de juegos, quien te admira y te imita, Y vos sos un regalo para ella, sos su hermano mayor de quien aprenderá cosas. Sos quien la cuidará y la protegerá.
Entonces, Emanuel comprendió que el misterioso regalo de Dios es tener a alguien a quien querer y que te quiera, y una hermanita puede ser ¡el mejor regalo!
viernes, diciembre 23, 2011
lunes, agosto 03, 2009
El barrilete que volaba bajito

Matías sabía hacer barriletes. Se lo había enseñado su querido abuelo; a decir verdad, siempre los habían armado juntos.Era una hermosa tarde primaveral, con una brisa leve que invitaba a remontar barriletes. El abuelo se había tomado unas vacaciones en la provincia de Córdoba, pero Matías pensó para sí: “Puedo hacerlo yo solo”. Y se animó a empezar a trabajar sobre una mesita en el espacioso patio de su casa.Unos cuantos pajaritos se acomodaron en hilera con mucha expectativa para seguir bien de cerca el laborioso trabajo que estaba a punto de emprender, en medio de macetas y plantas, baldosas desdibujadas por el paso del tiempo, bajo el toldo de chapa que, según el movimiento de las nubes, relampagueaba por el impacto del reflejo del sol sobre el techo entreabierto. Al igual que en un laboratorio de película de ciencia ficción, Matías inició la creación de su criatura voladora.Juntó varias maderitas livianas y las cortó con paciencia a la medida justa. Tomó trozos de papeles de colores y los fue pegando a las maderas con engrudo. Y … ¿Qué es el engrudo? Un pegamento que se logra mezclando agua con harina. También esto lo había aprendido de su abuelo.En las manos ágiles del chico se entremezclaron las largas tiras de papeles de diferentes colores que irían a parar a la cola de su barrilete. Sólo le faltaba atarle el hilo, lo más extenso posible, para que volara tan alto que hasta los pájaros lo envidiaran.Ya estaba listo. Ese esqueleto de maderas cubierto de papeles multicolores dirigido desde la madeja de hilo, iba a cobrar vida apenas el aire lo rozara …Matías intentó probarlo en el patio ; soltó de a poco la cuerda … Un viento suave jugueteó alegremente con el barrilete.Matías se desilusionó. Su creación recorría los zócalos del patio sin superar los veinte centímetros de altura. Quizá el patio de su casa no era el lugar adecuado, necesitaba más empuje del viento en un lugar más abierto.Ya en la calle, Matías hizo la segunda prueba. Ni la fuerza de cien huracanes o de mil ciclones podían ayudarlo; el barrilete apenas si se despegaba del suelo. Daba lástima verlo arrastrar la cola por la vereda.-Qué raro- pensó. Había usado los materiales correctos y el procedimiento empleado para usarlo era el exacto, tal como su abuelo se lo había trasmitido. Nada podía fallar. Exceptuando claro, la posibilidad de que su barrilete tuviera miedo de volar .Le pareció que lo más apropiado era llevarlo a un nido en un árbol cercano a su casa. Así que trepó hasta alcanzar el nido y allí lo dejó para que la mamá pájaro le enseñase las técnicas del vuelo, como si se tratara de un pichón de barrilete.Matías se quedó esperando, sentado en el cordón de la vereda. No se sabe muy bien que pasó allá arriba, pero resultó que a la primera brisa, el barrilete bajó deslizándose suavemente sobre las ramas y el tronco del árbol hasta llegar nuevamente a las manos de su creador.Cualquier intento era inútil . Matías había hecho un barrilete que volaba bajito y tanta vergüenza le daba, que llegó hasta a disfrazarlo de perro salchicha para fingir que paseaba a una mascota y nadie se diera cuenta de que en realidad estaba remontando su barrilete nuevo.
Pero la gente que pasaba caminando por la calle o desde los autos y los colectivos se daba cuenta, y les llamaba la atención ese barrilete disfrazado de perro y que volaba tan bajito.A los vecinos les resultaba muy divertido y no tardaron en agruparse los más curiosos de la cuadra. Enseguida llegaron los periodistas de la televisión; después de la primera nota el chico y su creación se hicieron muy conocidos; su fama subió muy alto, como remontada por un tornado. Lo que antes había avergonzado a Matías, ahora lo enorgullecía. Hasta llegaron a proponerle instalarle una fábrica de barriletes que volaran bajito, pero él no aceptó. Sí aceptó la invitación para ser jurado en un concurso de barriletes en un gran parque de la ciudad.El día del concurso se reunieron multitudes alrededor de Matías pidiéndole consejos, técnicas y autógrafos. No era para menos; en ese parque se habían congregado cantidad de barriletes de todas formas y tamaños, diseños y coloridos, desde los más modestos hasta los más sofisticados; pero sólo uno volaba bajito. Mientras el afamado niño prodigio se dedicaba a sus admiradores, su barrilete trabó conversación con un grupo de barriletes concursantes.-¿Es fácil volar alto? ¿No es peligroso?- preguntó temeroso.-Es muy sencillo- respondieron los demás, al tiempo que se ofrecieron para enseñarle los secretos del vuelo alto.Un grupo de gente señalaba hacia arriba. Matías comprobó con asombro que se trataba de su barrilete que, a medida que se iba volando hacia las alturas en compañía de sus nuevos amigos, se alejaba de su creador y lo saludaba con el suave movimiento de sus cintas de colores que flameaban como banderas de despedida.Desde entonces, el barrilete que volaba bajito dejó de ser único y fue uno más entre los demás barriletes. El viento de la fama también dejó de soplar para Matías y volvió a ser uno más entre los demás chicos.Sin embargo, no sentía tristeza; al contrario, estaba orgulloso y satisfecho. Después de todo, su barrilete había superado el miedo a volar, tomando las riendas de su propio destino. Había conquistado la libertad.
Pero la gente que pasaba caminando por la calle o desde los autos y los colectivos se daba cuenta, y les llamaba la atención ese barrilete disfrazado de perro y que volaba tan bajito.A los vecinos les resultaba muy divertido y no tardaron en agruparse los más curiosos de la cuadra. Enseguida llegaron los periodistas de la televisión; después de la primera nota el chico y su creación se hicieron muy conocidos; su fama subió muy alto, como remontada por un tornado. Lo que antes había avergonzado a Matías, ahora lo enorgullecía. Hasta llegaron a proponerle instalarle una fábrica de barriletes que volaran bajito, pero él no aceptó. Sí aceptó la invitación para ser jurado en un concurso de barriletes en un gran parque de la ciudad.El día del concurso se reunieron multitudes alrededor de Matías pidiéndole consejos, técnicas y autógrafos. No era para menos; en ese parque se habían congregado cantidad de barriletes de todas formas y tamaños, diseños y coloridos, desde los más modestos hasta los más sofisticados; pero sólo uno volaba bajito. Mientras el afamado niño prodigio se dedicaba a sus admiradores, su barrilete trabó conversación con un grupo de barriletes concursantes.-¿Es fácil volar alto? ¿No es peligroso?- preguntó temeroso.-Es muy sencillo- respondieron los demás, al tiempo que se ofrecieron para enseñarle los secretos del vuelo alto.Un grupo de gente señalaba hacia arriba. Matías comprobó con asombro que se trataba de su barrilete que, a medida que se iba volando hacia las alturas en compañía de sus nuevos amigos, se alejaba de su creador y lo saludaba con el suave movimiento de sus cintas de colores que flameaban como banderas de despedida.Desde entonces, el barrilete que volaba bajito dejó de ser único y fue uno más entre los demás barriletes. El viento de la fama también dejó de soplar para Matías y volvió a ser uno más entre los demás chicos.Sin embargo, no sentía tristeza; al contrario, estaba orgulloso y satisfecho. Después de todo, su barrilete había superado el miedo a volar, tomando las riendas de su propio destino. Había conquistado la libertad.
Cuento e ilustraciones de Miguel Ángel Zicca
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